LA FOTOGRAFÍA POR OTROS LADOS.DE LA DIVISIÓN DE LO SENSIBLE HACIA LO INVISIBLE EN LA REPRESENTACIÓN.

Primera versión de un texto escrito a mediados del año 2006, sobre las fotografías de Michael Jones Garvin realizadas en Valparaíso en los años 70s y 80s. Una versión correguida y acotada está pronta a ser publicada en un libro que recoje las fotografías en blanco/negro y color del fotógrafo chileno.

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“La foto es un fenómeno geológico en miniatura”
Ronald Kay (1)

“Una división de lo sensible fija al mismo tiempo un común repartido
y unas partes exclusivas. Este reparto de partes y lugares
se basa en una división de los espacios,
los tiempos y las formas de actividad que determina
la manera misma en que un común se presta a participación
y unos y otros participan en dicha división”

Jacques Rancière (2)

Algo se mueve en las fotografías. Cuando Ronald Kay se refiere a la fotografía como un fenómeno geológico a pequeña escala, está conteniendo en una frase, una serie de cuestiones a tener en cuenta a la hora de enfrentarse a la práctica fotográfica. La intersección a la que se refiere, entre tiempo y espacio, genera un movimiento que la imagen fija establece entre la imagen y el que la mira, en términos del referente instalado en ese lugar y su situación de cercanía interminable. Se van componiendo, mediante el tiempo que pasa por la misma imagen fijada, diversos estratos de significado y recepción.
Encontrarse con fotografías documentales de tiempos pasados, muchas veces dificulta la recepción de las mismas, ver reflejado-fijado el tiempo que ya pasó, mediante un documento, instaura nuevos estatutos de las imágenes como la memoria y la historia, el documento y las políticas de la representación en el contexto preciso de la toma, entre otros.
Las fotografías que presenta Michael Jones en este libro, son parte de una historia específica, en principio de sus primeras, o segundas, incursiones en terreno como fotógrafo eligiendo una ciudad como campo de recorrido visual y en segundo lugar, el registro de la cotidianeidad que se desarrolla en esos lugares. Circula alrededor de estas fotografías, una historia política y social compleja de nuestro país, que no está filtrada por la cámara, ni siquiera omitida, pero no está representada en términos ilustrativos. Encontramos representada la colectividad en cada detalle que se ve manifestado por las personas y grupos retratados, en sus formas de vida cotidiana. Esto nos podría llevar a ese “Común representado” a esa indivisible unión del tiempo retratado en el rectángulo de la foto con esos otros que manifiestan sus modos de hacer en un tiempo y lugar específico.

Primera instantánea.
En los años 60s un fotógrafo chileno recorría las calles de la ciudad de Valparaíso para registrar parte de su cotidianeidad, el fotógrafo es Sergio Larraín, el mismo que años después trabajaría junto a Cartier-Bresson en la agencia Mágnum y que editaría el libro “Valparaíso” recogiendo una serie de imágenes fotográficas de la ciudad que a estas alturas forman parte del imaginario colectivo de muchos de los que viven, han pasado o vivido en Valparaíso.
Estas cuestiones deberían considerarse más allá de la imagen postal de la nostalgia y el tiempo perdido, el cual muchos han rentabilizado en términos estéticos y comerciales. Sin darnos cuenta somos parte de un complejo juego de posibilidades en el cual algunas instituciones y organizaciones utilizan parte del imaginario de la ciudad para dotarla de algunos aires un poco contaminados, que más que visibilizar prácticas culturales reales las llevan hacia ámbitos vacíos de contenido llegando en algunas ocasiones a resultados superficiales y mal representativos de las colectividades. Aunque otros han sabido poner de manifiesto un proyecto colectivo y unos modos de hacer de los ciudadanos en un lugar efectivo.
Sabemos que la práctica creativa casi siempre se dirige hacia otra dirección, casi siempre tiene que ver con esos otros que están al otro lado de la representación, y que cada propuesta creativa es una opinión, una toma de posesión frente a un discurso de la más variada índole. La práctica creativa en estos momentos circula por diversos ámbitos políticos. De eso se ha hablado bastante, se ha escrito y se ha puesto en práctica. Ahora la cuestión más compleja podría situarse, entre otras, en las condiciones de recepción de las propuestas visuales, pero antes tal vez en su génesis, en el momento en que las intenciones de representar están al servicio de otras cuestiones casi nunca tranzables en términos utilitarios. Por lo menos eso es lo que podríamos pensar frente a algunos trabajos visuales, ese es el punto de salida de una serie de juegos que no queremos jugar, ni representar ni avalar. Es por ello que adquiere sentido el repensar y revisar algunas prácticas creativas, donde lo común, la estética y la política se ven involucradas. Esos intersticios que queremos creer como posibles en términos de la efectividad que podría contenerse en el arte.

Segunda Instantánea.
La observación del fotógrafo frente a un contexto específico y particular, implícitamente conlleva la experiencia, ese acto fotográfico (3) del que escribe Phillippe Dubois, ese tiempo específico activado en la reflexión contemporánea de la producción visual, la que nos acercaría a cuestiones relacionadas con la memoria y sus posibles activaciones en el ahora.
A principios de los años 70s Michael Jones recorre otras calles de Valparaíso, ahora con ciertos cambios sociales y políticos en el ambiente, registra una serie de sucesos cotidianos que van más allá o más acá de la situación política pero fijando la cotidianeidad de las personas y situaciones retratadas en las fotografías. A estas alturas ya sabemos que la política se representa de diversas formas y que las políticas de la representación han sido utilizadas bajo las formas más insospechadas a través de los medios y los intereses específicos. La representación de lo común se supone que va más allá de la imagen apropiada por todas las partes involucradas en los conflictos sociales. La actividad de cada grupo en su habitar cotidiano conforma eso que queremos que se reorganice estableciendo nuevas posibilidades para relacionarnos. Sin olvidar que cada experiencia es parte de nuestra historia, que la memoria es parte fundamental en nuestra vida actual.
Estas fotografías de Valparaíso realizadas entre los años 70s y 80s retratan una serie de situaciones cotidianas de personas habitantes de la ciudad porteña. Cada una de ellas ha sido elegida detenidamente para conformar un corpus visual que de cuenta de un momento específico de esta ciudad, su arquitectura y lugares particulares.
¿De qué se trata esto de rememorar, de traer hasta la actualidad situaciones e imágenes de un pasado que incluso pareciera haber desaparecido?
El mismo fotógrafo ha mencionado en una conversación reciente que ha recorrido en la actualidad esos mismos lugares, realizando un camino a la inversa en el tiempo, para encontrar esos encuadres y poder poner el nombre de la locación a esas imágenes para conservar así un archivo de ellas. Antes la ubicación era parte de la experiencia de ese recorrido, supuestamente no cambiaría, el lugar quedaría así como lo vive cada uno de los que corren o caminan, posan o pasan caminando sin percibir el instante de la toma. Pero claramente la ciudad y sus habitantes se modifican, se derriban y construyen nuevos lugares, en vías de unas políticas de urbanización y mejoras de la ciudad, como se entienden o mal entienden en algunos casos, la ciudad va cambiando. Ya no están algunos lugares, ya ni siquiera es posible reconocer algunas fotografías tomadas hace unos años porque ya no existen. La posibilidad ahora es contar con el relato de los que han vivido y han sido testigos de los cambios, los que circulan por esas calles y viven en las casas que si están, y que conforman un nuevo relato visual de esos lugares. Este otro trabajo de campo se construye en base a la memoria colectiva, y es parte de la historia de este libro porque esta dedicada a esos fragmentos de lugares donde lo común se vio manifestado de una manera particular bajo la mirada de este fotógrafo.
No estamos sólo en el terreno del patrimonio entendido como es puesto en práctica en el momento actual por algunas de nuestras instituciones y autoridades, es decir, más allá de la imagen conmemorativa/corporativa de alguna política cultural de turno, si no que estaríamos más cercanos a la activación del archivo como un elemento de análisis y crítica de las prácticas artísticas en la actualidad. Cómo podemos hacernos parte de un discurso elaborado desde el ahora hacia un material reunido para repensar lo contemporáneo. Nada de nostalgia si no que más bien memorias en movimiento. Reactivaciones de lo colectivo en una ciudad que sufre de tantas intervenciones urbanas y políticas sin tener en cuenta una historia fundamental para cimentar nuestra relación con el espacio en la actualidad. Cuestiones que son invisibles, que no pueden ser representadas pero si pueden ser evocadas en la reunión de una serie de imágenes que devuelven la mirada sobre sus modos de hacer y de pensarse. Podemos entender que hay cuestiones fuera del campo de mirada de la fotografía, cuestiones más inmateriales que conforman esas pequeñas voces, discursos que se manifiestan en un lugar que no quiere convertirse en la copia de la copia de ningún edén prometido en base a nuevas y luminosas promesas que no respeten las formas de vida y sobrevivencia.
Iniciativas que no se sitúen sobre la idea de una ecología cultural que se puede manifestar y rescatar de cualquier grupo organizado en base a su historia, a sus formas y modos de hacer, que se han sostenido sin necesidad de ser retratados ni formateados sobre ideas preconcebidas de lo que se quiere encontrar.

Terceras Instantáneas.
Otras historias se hilan en este libro. La práctica de la fotografía de Michael Jones ha circulado por diversos espacios, por aquellos que muchos de sus pares en Chile también han desarrollado a través de la utilización y experimentación con el dispositivo luminoso. Desde la enseñanza hasta la publicidad, rodeando las problemáticas que instala el mismo dispositivo en los años 80s en nuestro país con sus relaciones en el campo de las artes visuales. Este trabajo que presenta sobre fragmentos de Valparaíso en los años 70s y 80s es parte de su archivo personal que no ha mostrado en otras ocasiones y que conforma una mirada particular sobre la fotografía en ese período, por las imágenes elegidas y el recorrido que podemos hacer por cada lugar de la memoria de la ciudad y sus habitantes.
Las fotografías que están contenidas en este libro se instalan dentro de la historia de la fotografía, la de las prácticas fotográficas chilenas. Me refiero a las prácticas puesto que ni está revisada la historia de la fotografía en Chile, ni analizados los vínculos con las políticas de la representación en las diversas coyunturas sociales, políticas y culturales. Es necesario poder contar con herramientas que nos permitan descifrar las imágenes, sobre todo cuando cuentan con elementos que nos relatan historias particulares que al unirse hablan de colectividades específicas. Es por ello que la reunión de estas fotografías que nos presenta Michael Jones, en su conjunto y cada una de ellas posibilitan al que las mira y re-mira alguna posibilidad en el juego de las políticas actuales en esta ciudad específica o en otras ciudades que pueden ser evocadas por características similares.

El documento en estos momentos pareciera contenedor de efectos insospechados. Hemos sido testigos de enormes movimientos institucionales para cimentar grandes espacios de la memoria, ya no es sólo el museo ni el monumento, ahora se construyen espacios del recuerdo, cuando aún no ha pasado el tiempo necesario para recordar, para que las cosas y situaciones queden en la distancia temporal que permita rememorarlas. Por ello las imágenes documentales tienen cierta responsabilidad en y con el presente, por su verosimilitud que incluso ha sido puesta en cuestión.
En cuanto a la fotografía y la identificación, su veracidad en relación a algún hecho importante de ser registrado se ha discutido, se ha practicado de diversas maneras y se han realizado diversos estudios. Los medios de comunicación son parte de un intrincado mecanismo de representación del ahora. Pero, algo pasa cuando esas mismas fotografías que entendemos como portadoras de alguna veracidad reúnen aspectos que queremos rescatar de nuestra contemporaneidad, de nuestra experiencia y de nuestros vínculos con lo común, cuando hay cuestiones invisibles. Algo sucede con el tiempo específico reactivado que las imágenes nos podrían traer hasta el presente, al eterno ahora.
NOTAS
(1)KAY, Ronald “Del espacio de acá. Señales para una mirada americana” Ediciones Metales Pesados, Santiago, 2005. p.52
(2)RANCIÈRE, Jacques “La división de lo sensible. Estética y Política” edición del Consorcio Salamanca, Salamanca, 2002. p. 15
(3)DUBOIS, Phillippe “El acto fotográfico. De la representación a la recepción”, ediciones Paidós, Barcelona, 1986.

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